La paz: Un Derecho Humano Fundamental

La paz: Un Derecho Humano Fundamental

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Hoy más que nunca, trabajar por la paz es un imperativo que debe congregar a toda la sociedad, los pueblos y las culturas. En estos momentos donde el mundo se ve amenazado por pruebas nucleares, terrorismo y radicalismos políticos, la paz surge como un anhelo que despierta desde el silencio acomodado de la sociedad de bienestar. Apremios que parecían prácticamente superados luego de la segunda guerra mundial, como los nacionalismos, el racismo y la carrera armamentista, vuelven a instalarse como opciones ideológicas que conducen a la pérdida del sentido de la dignidad de cada ser humano.

Por su parte, nuestro país no escapa a lo que se vive a escala mundial, durante estos meses somos testigos de una contienda electoral donde los intereses parecen acentuarse más bien en la lucha político-partidista, más que superar la desigualdad que destruye toda convivencia nacional. Además, Chile se enfrenta a grandes desafíos pues ciertamente ha cambiado su cartografía, hoy circulan en los espacios sociales personas de culturas, colores y tradiciones diferentes, esto nos emplaza a revisar las políticas públicas, respecto de personas de otras latitudes que buscan construir su proyecto de vida en esta larga y extensa faja de tierra, entendiendo que “incluir es pertenecer”. No obstante, aún está vigente la ley de extranjería de 1975, planeado desde la doctrina de seguridad nacional, lo que produce fronteras éticas, personales e ideológicas y que significan al “otro” como enemigo, impidiendo el desarrollo digno de las personas en situación de migrante.

Es en este escenario mundial y nacional, donde se instala el temor de un conflicto bélico a escala universal, donde el otro distinto se percibe como enemigo y donde las creencias se convierten en ideologías fundamentalistas, la universidad se constituye en un actor clave en la formación de personas que enseña a resolver conflictos por la vía pacífica. Lo anterior, requiere de políticas, discursos y prácticas que consideren las diversidades, es decir, asumir el poliedro de miradas que permitan observar el mundo desde diversos lugares culturales. La Universidad como la casa grande de todos, que alberga y que opera como una plataforma para el despliegue de la cultura de la paz, necesita revisar y observar críticamente su rol, sus propósitos formativos, su visión, misión e impronta social, donde la cultura de la paz, significa colocar en clave de Derechos Humanos la formación de académicos, personal de gestión y estudiantes. Por tanto, el reto es adquirir un nuevo aprendizaje cognitivo y metodológico que permita conocer y apropiarse de otras maneras de comprender y ejercer el acto educativo.

De esta forma, desplegar la cultura de la paz, desde la perspectiva de Derechos Humanos requiere que, desde la formación universitaria, se conozca nuestros derechos y deberes. Por tanto, significa concebir el espacio educativo como un elemento coadyuvante, con aulas más amigables, con rostros, donde los estudiantes se congreguen entorno a un aprendizaje recursivo, holístico, esto considerando que el estudiante llega a la universidad con su biografía, sus esperanzas, dolores, talentos, potencialidades y debilidades. Por tanto, se espera que las mediaciones que desarrolle la institución operen a escala humana; es decir, considerando a la persona en el centro de la formación.

Se hace urgente incorporar el componente “PAZ” como parte del modelo educativo institucional de modo que se plasme en el curriculum y las actividades curriculares de toda y todo profesional en formación. En definitiva, el desafío es la comprensión de cada persona y de cada cultura que nos aparecen como inconmensurables, sin embargo, la traducción posible es asumir que somos una humanidad que está llamada a vivir fraternalmente, lo cual requiere del despliegue de competencias comunicativas-interculturales para descubrirnos como seres humanos y tener la visión suficiente para comprender el mundo desde distintos lugares sociales, educativos culturales, disminuyendo la violencia, el conflicto y propiciando la misma paz.

El 21 de septiembre se celebra en el mundo el Día Internacional de la paz, que consagra el fortalecimiento de los ideales que la sustentan, y la responsabilidad que compete a cada nación. Las palabras clave son Juntos por la paz: Respeto, seguridad y dignidad para todos, haciendo alusión a aquellas personas que han debido dejar sus países de origen buscando una mejor calidad de vida o los que debieron migrar forzadamente producto de guerras, genocidios, pobreza económica, pérdida de confianza, conflictos bélicos, represión política, falta de oportunidades, terrorismo, entre otros. Por tanto, la aproximación al fenómeno de la migración es una tarea ineludible, urgente que demanda y convoca a diversos actores: Los Estados, el sector privado, la sociedad civil, las instituciones educativas, en pos de avanzar hacia el reconocimiento de las diversidades, la no discriminación y la aceptación de las diferencias.

Dra. Sonia Brito Rodríguez
Académica-Investigadora
Coordinadora Plan de Formación Integral
Dirección de Docencia

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