DANIELA-CACERES

Que todos los días sean 25 de noviembre

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Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.

La violencia contra la mujer es un fenómeno de larga data, no obstante, su tratamiento como “problema público” es relativamente reciente. Desde 1994, año en que se realizó la convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres (Belém do Pará), se desarrolló un marco jurídico internacional en materia de violencia contra la mujer, instando a los Estados a tomar medidas en el tema. Sin embargo, si bien se ha trabajado en la problemática, las medidas no han sido suficientes.

Casos como los de Centro América o México, dan cuenta del incremento de la violencia hacia las mujeres, y si bien este fenómeno se enmarca en el aumento de la violencia general, lo que Rita Segato denomina como  “nuevos escenarios bélicos”, en los que los “nuevos bandos” se conforman por pandillas, grupos tribales, fuerzas estatales o para estatales, la violencia que se inscribe en el cuerpo de las mujeres, asesinadas y abandonadas en lugares públicos, adquiere rasgos de tortura y destrucción, signos que para la antropóloga denotan la victoria moral de unos sobre otros,  utilizando los cuerpos de mujeres para ello.

Expresiones como esta, en las que la devaluación del género femenino materializada en el cuerpo queda al descubierto, son solo algunas de las señales que develan la violencia contra la mujer como un problema real. Es por ello, que en 1976 la teórica feminista Diane Russell utilizó el concepto feminicidio para aludir al asesinato de las mujeres por causa de su género en el primer tribunal internacional de crímenes contra mujeres, momento desde el cual poco a poco el concepto se ha ido instalando en el lenguaje feminista y posteriormente institucional, para que finalmente estos asesinatos comiencen a ser denominados como feminicidios o femicidios.

Pese a lo anterior, es llamativa la resistencia que ha llegado a generar todo este movimiento a nivel global que procura visibilizar un problema que afecta a nada menos que la mitad del mundo. Desde la década de los 90’s, diversos grupos feministas y ONGS se han movilizado por los derechos de las mujeres en diferentes dimensiones que nos afectan, una de ellas la violencia, y si bien es una problemática cuyo tratamiento político-discursivo es abordable desde diferentes veredas ideológicas, fundamentalmente porque nadie podría declararse a favor de la violencia contra las mujeres, a diferencia por ejemplo de los derechos reproductivos —cuya discusión política y jurídica adquiere fuertes planteamientos morales–, instalar la problemática de la violencia contra la mujer  ha sido un proceso no exento de controversias.

Un caso cercano es el de la promulgación de la ley del femicidio en Chile, en el cual un concepto en principio con un enfoque que procuraba proteger a la mujer bajo la lógica de los derechos humanos, terminó convirtiéndose en una figura penal que protege a la mujer en marcos de violencia asociados a la familia y la maternidad, es decir, —y sobre esto ya harto se ha dicho— en Chile no corresponde a la figura de femicidio el asesinato de una mujer en una relación vinculante de pololeo pero sí en la que existe un lazo de convivencia, ex convivencia o hijo/as en común. Entonces cabe preguntarse: ¿denota lo anterior el móvil de violencia de género? Y en específico, ¿combate la violencia hacia la mujer? La respuesta es tajante y clara: no. Es justamente por ello que podemos ver como el conteo oficial llevado a cabo por el Servicio Nacional de la mujer se diferencia del conteo llevado a cabo por la Red Chilena Contra la Violencia Hacia las mujeres.

Así mismo, a nivel de plataformas mediáticas, hemos podido observar cómo frente al meme viralizado en el marco de la convocatoria a la masiva marcha realizada en #Niunamenos Chile, paralelamente a los pocos días se viralizó un meme, cuyo contenido señalaba #Nadiemenos, homologando la violencia hacia la mujer con todos los tipos de violencia, despojándole de su estatuto como problemática específica e invisibilizando  el sentido político de la convocatoria. Hay que destacar que dicha campaña en la cual las y los usuarios de Facebook utilizaron como foto de perfil #Niunamenos como señal de identificación con la causa y repudio hacia la violencia contra la mujer fue masiva, y al igual que las marchas que fueron realizadas en varios lugares de Latinoamérica, estas dinámicas se convirtieron en un lugar de encuentro, político, emocional y experiencial; razón por la cual, expresiones como “#nadiemenos” más que un discursivo inclusivo, revela la resistencia que existe frente al reconocimiento de la violencia machista o “en el mejor de los casos” el desprecio a la causa.

Es por eso, que frente a una violencia de género que no nos afecta a todas y todos por igual y desde la cual todas y todos hemos sido socializados desde niños/as. Es preciso impactar en la semántica relativa a los géneros que tenemos como sociedad, y es por ello que si bien no basta con marchar y tenemos la necesidad de una intervención potente en diferentes dimensiones que implican el trato vejatorio en los medios de comunicación masivos, la intervención y transformación de la educación sexista, además de políticas públicas en cuanto a dimensiones específicas que nos afectan a las mujeres en el plano laboral, de previsión o muchos otros más. Visibilizar y denunciar la violencia  constante de la cual somos víctimas las mujeres, es una necesidad por sus efectos performativos en la sociedad.

Este 25 de noviembre, como cada 25 de noviembre desde hace algunos años, se conmemora el Día Internacional Contra la Violencia Hacia la Mujer, decretado en 1999 por la ONU en conmemoración del asesinato de las hermanas Mirabal, luchadoras sociales asesinadas en la dictadura de Trujillo. Hoy resignificado por los movimientos feministas, este día se convierte en una de tantas instancias para romper el viejo refrán de “los trapos sucios se lavan en casa”, pues la violencia hacia la mujer y los femicidios como la expresión más brutal de estos, son una problemática que afecta a la sociedad en su totalidad.

Mg. Daniela Cáceres
Editora Revista Temas Sociológicos
Académica Escuela de Sociología
Universidad Cardenal Silva Henríquez

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